Archive For 8 octubre, 2010
El escritor Mario Vargas Llosa ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010 por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», según la explicación de la Academia Sueca.
El autor de «La ciudad y los perros», nacido en 1936 en Arequipa (Perú) y que también tiene la nacionalidad española, es el primer escritor latinoamericano ganador del Nobel de Literatura desde el mexicano Octavio Paz, en 1990.
En una primera declaración, Vargas Llosa dijo sentirse «muy conmovido y entusiasmado» por el galardón. El escritor recibió la noticia en Nueva York, donde da clases en la Universidad de Princeton.
Mario Vargas Llosa es sin duda uno de los grandes escritores de nuestro tiempo; muy pocos novelistas han construido un universo narrativo tan poderoso y rico como él, y la cantidad de libros admirables que ha escrito produce algo parecido al vértigo.
Ha sabido conjugar una concepción atrevida y experimental de la novela, que bebe de Faulkner, Joyce y Flaubert, con una pulsión narrativa apabullante -en la que son esenciales los maestros de la novela del XIX, pero también la tradición del folletín- y una confianza en la capacidad de la ficción para construir un mundo y retratar la complejidad del ser humano. La cita de Balzac que encabeza una de sus grandes novelas, Conversación en la Catedral –“la novela es la historia privada de las naciones”- podría ser el epígrafe de muchas de sus obras. Además, ha combinado la defensa de la imaginación –escribiendo sobre la novela de caballerías o comprendiendo como pocos a Emma Bovary- con la práctica de una estética realista que también es una postura moral: no hay explicaciones mágicas, líricas o relativistas para la violencia o el crimen.
Muchas de sus obras retratan un mundo primitivo y nos alertan de los peligros de la violencia, del fanatismo y del machismo: es el mundo del Leoncio Prado en La ciudad y los perros; el ambiente que provoca la doble amputación de Cuéllar en Los cachorros; el clima desasosegante e hipócrita de Conversación en la Catedral; o la sociedad asfixiada de la República Dominicana en la magistral La fiesta del Chivo. Es un escritor ambicioso y vehemente: después de crear personajes memorables y conquistar territorios literarios -donde se instalarían otros autores y que se convertirían en un lugar inolvidable para miles de lectores- en Perú, ha sabido contar historias de otros países y de otras épocas, desde Francia a Brasil o África, desde Gauguin a Casement. En más de 50 años de carrera, nunca ha dejado de ponerse retos como creador y de asumir compromisos como intelectual, y por eso siempre es emocionante saber que Vargas Llosa prepara una nueva novela. No sólo ha conquistado espacios físicos y ha abordado temas como la libertad, el terrorismo o la dictadura, sino que en su obra también encontramos tonos distintos: el humor es un elemento fundamental de Pantaleón y las visitadoras, ha publicado unas memorias y piezas teatrales, ha revisado a los clásicos, y ha escrito novelas eróticas y policíacas, y un hermoso y ligero relato de amor que recrea un episodio de su propia vida y es al mismo tiempo un homenaje a la pasión por contar historias: La tía Julia y el escribidor.
Otro factor esencial de Vargas Llosa es su labor como crítico. Sus textos sobre Flaubert, Victor Hugo, los ensayos de La verdad de las mentiras o Cartas a un joven novelista nos ayudan a entender mejor su idea de la escritura, son una ventana que nos muestra a otros autores y están llenos de sabias observaciones (por ejemplo, que el narrador es el personaje principal de todas las novelas). Ha sabido reconocer a sus maestros y admirar a sus contemporáneos y a autores más jóvenes que él: José María Arguedas, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez –sobre el que escribió Historia de un deicidio– son sólo algunos de los que se han beneficiado de la generosa admiración y la inteligencia crítica del mejor novelista de nuestra lengua.
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Esta popular calle sevillana nace en San Juan de la Palma y muere en la Resolana, en pleno corazón del barrio de la Macarena, tras un largo y recto trazado, pleno de vivencias humanas y estéticas. Su nombre proviene de la «feria» o mercadillo que se viene celebrando, desde el siglo XIII, todos los jueves del año, siendo el más antiguo de la ciudad. En las aceras se instalan los puestecillos, donde se amontonan objetos de toda índole y procedencia, aunque uno de sus mayores atractivos se centra en las antigüedades.
A lo largo de esta calle tuvo lugar el Motín de la Feria o del Pendón Verde, motivado por la hambruna que sufrían sus vecinos y que conmovió la Sevilla de 1622; llamado así por la bandera que lo encabezaba.
Punto obligado de referencia en la calle Feria es su mercado de abastos, uno de los edificios de servicios más antiguos de Sevilla. Su construcción está fechada en 1719. Fue ampliado en el año 1837 y reformado en varias ocasiones.
Se sitúan también en esta calle la parroquia de Omnium Sanctorum, templo mudéjar del siglo XIV, la Capilla de Montesión, sede de la Hermandad de su nombre, el Archivo de Protocolos y la iglesia de San Juan de la Palma, levantada sobre una antigua mezquita, que es sede de la Hermandad de la Amargura. Otras hermandades que tienen su sede en esta calle son El Carmen Doloroso y Los Javieres.
En esta calle nació el torero Juan Belmonte, donde su familia tenía una quincalla, y el músico, cantante y compositor Jesús de la Rosa, uno de los fundadores del mítico grupo de rock andaluz Triana, que dice en su tema Rock de la calle Feria: «la vida de la calle Feria la llevo muy dentro desde que nací”.
La calle Feria ha sido fuente de inspiración en distintos ámbitos:
- En la música:
- Calle Feria, grupo de rumbas y sevillanas.
- El rock de la calle Feria, canción de Jesús de la Rosa Luque, fundador del grupo Triana.
- En la literatura:
- Calle Feria, novela del escritor español Tomás Sánchez Santiago, publicada en 2007.
- El rock de la calle Feria, novela del escritor español Francisco Gallardo, publicada en 2008.
Por todo ello, la calle Feria es una de las calles con mayor personalidad de toda Sevilla.
Mercadillo del Jueves a finales del siglo XIX


