Uno de los extras con los que nos encontramos los bibliotecarios en nuestro trabajo son los libros subrayados. En el mejor de los casos lo están a lápiz, con lo cual lo podemos borrar; en el peor, a bolígrafo o a rotulador, lo que los deja inservibles. Pueden ser sólo líneas o ir acompañados comentarios que dejan entrever la ideología de su autor, y suele hacerse en libros de materias, es decir, todo lo que no es novela, poesía o ensayo.
Una vez que los hemos borrado, ponemos en las páginas que anteceden a la portada una pegatina con la siguiente leyenda «Por favor, no escriba, subraye o haga anotaciones en el libro. Recuerde que es de uso público, no particular. Gracias». 