
Este año 2026 se celebra el 190 aniversario del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer.
- Fecha principal: El natalicio se conmemora el 17 de febrero (nació el 17 de febrero de 1836 en Sevilla).
- Celebraciones 2026: Durante el mes de febrero de 2026 se han realizado actos, destacando el homenaje en la Glorieta de Bécquer en el Parque de María Luisa de Sevilla y diversas rutas literarias.
Bécquer es uno de los máximos exponentes del posromanticismo en España, famoso por sus Rimas y Leyendas. Considerado el máximo representante del Romanticismo tardío en España y el precursor de la poesía moderna española por su estilo íntimo y sencillo.
Datos Biográficos
- Nacimiento: 17 de febrero de 1836 en Sevilla. Hijo de un pintor costumbrista.
- Juventud: Quedó huérfano de padre y madre a temprana edad. Se trasladó a Madrid en 1854 buscando éxito literario, donde vivió en condiciones de pobreza y precariedad.
- Vida Profesional: Trabajó como periodista, traductor y censor oficial de novelas. Su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, fue su compañero constante y apoyo fundamental.
- Vida Personal: Tuvo un matrimonio difícil con Casta Esteban, del cual nacieron tres hijos. Pasó temporadas en el Monasterio de Veruela para tratar su tuberculosis.
- Fallecimiento: Murió en Madrid el 22 de diciembre de 1870, a los 34 años, probablemente de tuberculosis (agravada por problemas económicos y depresión).
Obra Principal
Su legado no se publicó en formato de libro hasta después de su muerte, gracias a que sus amigos recopilaron sus manuscritos.
- Rimas: Conjunto de poemas breves, musicales y melancólicos que exploran el amor, el desengaño, la soledad y la naturaleza de la poesía.
- Leyendas: Relatos en prosa de corte fantástico y gótico, basados en tradiciones populares y ambientes medievales.
- Desde mi celda: Cartas escritas durante su retiro en el Monasterio de Veruela.
Memoria de un alma entregada al ideal
No sé si lo que voy a escribir es historia o es un sueño, pues en mi vida, como en mis versos, la frontera entre lo que fue y lo que pudo ser es tan tenue como la niebla sobre el Guadalquivir.
Nací en Sevilla, un 17 de febrero de 1836, bajo el nombre de Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida. Pero el mundo me conocería por el apellido de mis antepasados flamencos: Bécquer. La muerte, esa dama silenciosa que siempre me ha seguido de cerca, me arrebató a mi padre siendo yo un niño, y a mi madre poco después. Quedé huérfano, sí, pero con los ojos llenos de las pinturas de mi padre y el corazón rebosante de las leyendas que susurraban las piedras de mi ciudad.
La búsqueda de la gloria en la Villa y Corte
A los dieciocho años, con la osadía que solo da la juventud y el hambre de belleza, partí hacia Madrid. Creía que la literatura me abriría sus puertas de par en par, pero encontré un mundo de buhardillas frías, redacciones de periódicos apresuradas y un pan que a veces se ganaba a costa de traducir lo que otros sentían.
- El periodismo: Fue mi sustento y mi condena. Escribí crónicas, fundé revistas y busqué la noticia entre la política y el arte.
- La pintura: Mi hermano Valeriano, mi otra mitad, me acompañó en este viaje. Juntos retratamos la España que se nos iba, él con el pincel y yo con la palabra.
El amor y el desengaño
¿Qué es la poesía? Me preguntaron una vez. Poesía eres tú, respondí, aunque ese «tú» cambiara de rostro y de nombre. Amé sombras, amé ideales y sufrí el rigor de la realidad. Mi matrimonio con Casta Esteban fue un refugio que terminó en tormenta, y entre los muros del Monasterio de Veruela, busqué la salud que mi pecho me negaba y la paz que el ruido de Madrid me robaba. Allí, entre las cartas desde mi celda, comprendí que el espíritu vive más allá de la carne.
«Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.»
El suspiro final
Siento que el aire se vuelve pesado y que las golondrinas pronto colgarán sus nidos en otros balcones. He vivido para atrapar lo inasible: la luz de una mirada, el eco de un suspiro, el misterio de una leyenda que se desvanece al alba. No dejo grandes fortunas, solo un puñado de rimas y relatos que son los pedazos de mi propio corazón.
Si algún día pasáis por donde duermen mis restos, no busquéis mármoles fríos. Buscadme en el aire que vibra, en el beso de dos amantes o en el silencio de una catedral. Porque allí, donde habite el olvido, es donde finalmente seré libre.