Uno de los mayores placeres del hombre es conocer nuevas tierras, nuevas gentes, nuevos horizontes…
Porque tenemos curiosidad por saber qué pasa más allá de nuestro pequeño universo vital, que a veces se nos antoja demasiado estrecho, porque queremos saber qué comen, cómo visten, cómo respiran las gentes de otros sitios… Por eso, a veces, cogemos la maleta y nos aventuramos rumbo a lo desconocido.
